martes, 25 de mayo de 2010

Derrame de Valores



Antes de que se enfríe y olvide el tema como suele suceder siempre, quiero hablar un poco del derrame petrolero en el Golfo de México que si bien por el momento no tiene un vínculo directo con la edificación de ciudades sustentables sí habla de la urgencia de una conciencia sustentable colectiva además de que en un momento dado, de seguir las cosas sin control, el derrame puede causar afectaciones severas en ciudades costeras.

Mi amiga Talia me ayudó esta semana mandándome muchos datos y su opinión sobre el tema; ella reúne tres características que resultan perfectas para este artículo: es mexicana, vive en Inglaterra y escribió una tesis doctoral sobre biodegradación de hidrocarburos.

 Lo primero que ella me dijo me impactó mucho: “la verdad es que he pasado por todos las fases desde que esto empezó; primero asombro, después tristeza y ahora decepción total”. Y me impactó porque desde el país en vías de desarrollo creemos que una empresa inglesa, Europea, ¡vaya!, del primer mundo sería totalmente responsable y tendría una reacción veloz y certera; leer a Talia, que vive allá y tiene la información y sensibilidad necesarias para juzgar a BP, diciendo que ahora está decepcionada es de preocuparse

 Como suele suceder en estas cosas, mucho dinero está en juego y la gente y el medio ambiente pasan a un segundo (¿o tercer?) plano; no hay que olvidar que antes que los arrecifes de coral que pueden verse impactados o de los miles de dólares que se derraman día con día están once trabajadores muertos; esperemos al menos que BP sea justa con sus familias, porque de ese detalle los noticieros no dicen mucho.

Talia toca un tema que me parece crucial en todo este tema del derrame: BP es una compañía que invierte cientos de miles de libras al año en investigación y desarrollo pero todo parece indicar que su I+D está orientada a tecnologías que les permitan ganar más, a obtener más petróleo, a vender más pero no a responder mejor ante este tipo de accidentes, a garantizar (verdaderamente) una operación sustentable. El accidente en el Golfo prueba esto: las cosas fallaron y la compañía de pronto estaba frente a un derrame terrible de petróleo y no supieron qué hacer… y al parecer, aún no lo saben.
Pensemos en accidentes petroleros famosos “Piper Alpha” en 1988, Exxon Valdez en 1989 ¿Cuánto hemos avanzado? Algunos daños provocados por el Exxon hace más de 20 años aún no son pagados porque la corte no resuelve… ¿Pasará lo mismo con este? Vienen a mi mente las palabras que siempre son asociadas a este tipo de incidentes: burocracia, corrupción, negociación y como bien me dice Talia en su mensaje el garantizado “por debajo de la mesa”.
Pienso que es tiempo de que la palabra “valores” recupere su auténtico sentido y que nosotros como ciudadanos lo exijamos, las grandes empresas no pueden seguir enunciando valores que venden pero que no cumplen, no pueden seguir lavando su nombre con términos como “socialmente responsable”, “ambientalmente consciente” y similares, y como muestra, esta vez no les dejo sólo un botón, mejor les dejo el enunciado de uno de los valores principales de BP:
"Estamos comprometidos con la seguridad y el desarrollo de nuestra gente,  las comunidades y las sociedades en las que operamos. Aspiramos a no tener accidentes y a no provocar daños ni a la gente ni al medio ambiente."
Muchas gracias a la Dra. Talia Ortega por su ayuda para escribir esto, espero haber traducido, interpretado y comunicado bien sus ideas.

martes, 11 de mayo de 2010

Rutas indescifrables


Hace unos días tuve un accidente carretero en mi coche; afortunadamente no fue de gravedad, sólo el susto, algunas lesiones menores y ahora lamento también el haberme quedado sin carro y no por lo material, lo lamento por lo complicado que es moverse sin éste en algunas ciudades de nuestro país.

Hoy les voy a contar mis aventuras desde que soy usuario del sistema de transporte público: acostumbrada al coche mi primera opción es que alguien me preste uno, alternativa que por el momento he de desechar porque tengo una lesión en las cervicales que me impide manejar; la segunda opción es que alguien me dé cómo se dice en México un “aventón” o un “ride”, agotada esta posibilidad mi tercera opción son los taxis los cuales son rápidos, abundantes y caros, muy caros (y algunas veces peligrosos); por alguna razón, la cual desconozco mis hijos detestan los taxis, el más pequeño se marea y la mayor dice que se aburre así que comencé a experimentar el transporte colectivo. La primera vez nos fue muy bien, tomamos un microbús de la esquina de la casa al centro comercial, un viaje de apenas 2 km, fuimos casi los únicos pasajeros y todo fue miel sobre hojuelas. El regreso fue igual de fácil, nada más que ahora en combi, nos gustó la experiencia y hasta me sentí avergonzada de no haberlo hecho antes, pensé que teniendo ese transporte debo usar mucho menos mi coche.

Ayer mi opinión del transporte público de la ciudad donde vivo cambió abruptamente: por la mañana tuve un festival escolar dedicado al Día de las Madres en un bello edificio de la escuela ubicado en el Centro Histórico, mi esposo nos llevó por la mañana y luego se fue a trabajar, yo le dije que se fuera sin preocupación, que el transporte público era una maravilla; él me sugirió que mejor me regresara con alguna amiga. En fin, una vez que mis hijos bailaron y yo me emocioné muchísimo, los tomé de la mano, los llevé a desayunar les pedí que fueran al baño antes de emprender nuestro viaje y acto seguido tomamos la combi que nos deja en la esquina de la casa; parecía un plan perfecto. Después de 10 minutos, la combi iba llenísima, había gente parada enroscada (para caber), un señor se sentó sobre el bello disfraz de dama del Porfiriato de mi hija y hacía un calor infernal. Continuamos nuestro recorrido; a los 20 minutos el calor era insoportable y logré con algunos esfuerzos y ayuda de una señora abrir una de las ventanas entintadas de la combi, por fin entró el aire y por fin pude ver dónde íbamos ¡seguíamos en el centro de la ciudad!, curiosa por el escaso avance de la combi (porque lento no iba) le pregunté a la señora de junto si conocía la ruta, cuando me la explicó me quería morir, la combi avanzaba todo el trayecto por pequeñas calles serpenteantes para cubrir una distancia de aproximadamente 8 km en una hora o más. Desistí, me bajé con mis dos niños y tomé un taxi cómodo, veloz y caro hasta mi casa.

Yo tengo esa alternativa, la del taxi de más de medio salario mínimo (2.70 dólares) pero un 70% de la población sin duda no la tiene y no le queda más que usar un sistema de transporte arcaico que consiste en una batallón de pequeñas combis y muy pocos microbuses que cubren rutas diseñadas para ir por calles y no por avenidas dando prioridad a la colecta de una mayor cantidad de pasaje y no a la velocidad y a la eficiencia. Este sistema tiene a la gente acostumbrada a tomar la combi literalmente en la puerta de su casa y luego a pasar horas en ella para llegar a su destino. Este sistema además impide que el foráneo o el turista usen el sistema de transporte público, en primer lugar por su lentitud y en segundo porque descifrar el destino de cada combi es un misterio; las combis están pintadas de diferentes colores y tienen un número de ruta asignado, cada color indica una zona de destino final y cada número el trayecto por donde avanzará; no tienen un letrero que indique los puntos principales por los que pasa, antes me sorprendía, ahora me parece lógico pues tendrían que decir algo así como: “Calle 5 de mayo, tiendita de Doña Mary, casa de Don José, Callejón de las Orquídeas…”; para el turista, seguiría siendo información igual de inútil.

El transporte público en las ciudades mexicanas era así hasta que hace unos 20 años comenzó a modernizarse en las ciudades más grandes como las de México, Guadalajara y Monterrey. Algunas capitales han hecho también una reingeniería en sus rutas de transporte público y no sólo eso, han optado por sistemas más limpios y eficientes, tal es el caso de León o de Tuxtla Gutiérrez. Y al resto de las ciudades mexicanas ¿cuándo les llegará esa modernidad?

No podemos combatir problemas como el cambio climático si las ciudades no ofrecen a sus ciudadanos sistemas eficientes de transporte público y espacios seguros y adecuados para el peatón. Si somos usuarios frecuentes del vehículo particular pensemos porqué no usamos el transporte público y busquemos que nuestros gobiernos cambien la situación actual.





martes, 4 de mayo de 2010

¿Museos que educan?

Recientemente tuve oportunidad de visitar el Papalote Museo del Niño; este es un proyecto que siempre me había encantado; lamentablemente esta vez me decepcionó.

El Museo abrió sus puertas en 1993 como una Asociación Civil y hoy, 17 años después presume de ser el museo del niño más reconocido e importante en el mundo. Más de 500 empresas y personas físicas han invertido en el proyecto para garantizar, dicen ellos, la educación integral del niño. Y esto de “integral “es lo que no me cuadra con lo que vi; miren, les cuento:

Al llegar a la taquilla optamos por adquirir un Paquete Familiar que incluía entrada al museo, a la megapantalla IMAX y al domo digital; la promoción sonaba bien pues nos dijeron que comprando el paquete ahorrábamos 54% ¿Quién se puede resistir a eso? La verdad, dude cuando me dieron el total: $549; para los lectores extranjeros esto son 45 dólares o visto desde nuestra perspectiva nacional ¡casi diez días de salario mínimo! De entrada, esto ya me parece discriminación social.

Finalmente entramos y la decepción de mis hijos comenzó cuando la mitad de los experimentos ya no funciona; nos paramos en unas mariposas de metal y nos tomamos de las manos para que una fuente se encendiera pero nunca sucedió; quisimos hacer muchos experimentos más y nos quedamos a medias. Finalmente mi hija logró elevar un globo aerostático manteniendo encendido por un par de minutos un mechero; cuando me preguntó por qué se había elevado y por qué bajaba cuando apagaba el mechero le expliqué con mis propias palabras porque nunca encontré una cédula que lo hiciera ¿y si el adulto que acompaña al niño no lo sabe?

Una hora después de haber entrado fuimos a la función IMAX la cual bien valió la pena (es sin duda lo mejor del museo junto con el domo digital y la casa de los ciegos); al salir, mis ojos no podían creer la oleada de gente que había entrado al museo, eso sin duda convirtió nuestra visita en largas colas, en maravillosas actividades que a los 20 minutos tienen que concluir para que pase el siguiente grupo y en un cansancio innecesario. Decidimos tomar un refrigerio y fuimos al área de comida; si me habían impresionado las multitudes, esto era mucho peor, el museo de la educación integral, el museo del los niños más obesos del mundo vende tres tipos de comida: chatarra, calórica y grasosa ¡Escoja usted! En un rinconcito hay un puesto olvidado de jugos y ensaladas; al acercarme entendí que estaba condenado al olvido, un jugo pequeño costaba 30 pesos (2.5 USD) y un coctel de frutas 50 pesos (4 USD). A la entrada de la zona de comida luce radiante el osito Bimbo invitando a pasar al puesto de pastelitos Marinela… ¿será porqué la directora del museo es Marinela Servitje? (hija del dueño de Bimbo y por quien los pastelitos se llaman así)

Decidimos hacer una actividad más e irnos a comer a otro lado. Mi hija eligió entrar al pequeño supermercado patrocinado por Wal-mart; el juego se trata de entrar y comprar, nada más, comprar por comprar. Ni siquiera se tomaron la molestia de poner bolsas verdes de tela en el área de cajas o de llenar los anaqueles de “productos verdes”; aún sigo preguntándome ¿qué aprenden los niños con esa actividad que sea parte importante de su educación integral?

Creo firmemente que un museo no sólo debe ofrecer conocimiento o información; debe ofrecer cultura, debe educar. Un museo debe ir a la vanguardia (como decía de las Universidades en la publicación anterior) en la construcción de una sociedad sustentable. Es responsabilidad de un museo, avanzar con las civilizaciones, entender que modernizar una sala no sólo significa equiparla con pantallas de plasma y computadoras; significa también contribuir a través de sus exhibiciones y actividades a resolver los problemas contemporáneos, cosa que no me queda muy clara en el Museo del Papalote. A lo mejor es sólo mi apreciación, no lo sé… opinen queridos lectores.

P.D.: Al salir del museo nos detuvieron para darnos un regalito, un paquete para cada quien de hot cakes con cajeta marca Bimbo, no nos salvamos.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...