jueves, 10 de julio de 2014

Presupuesto Participativo


Foto: VivamosVL en Flickr

Esta mañana recibí en mi correo electrónico la actualización del blog del Proyecto "100 ciudades resilientes" del que les hablé en el artículo anterior; en esta ocasión el espacio está dedicado a una lista de 10 elementos que suelen estar presentes en una ciudad que ya ha desarrollado esa capacidad de adaptación al cambio.

El artículo titulado "¿Vives en una ciudad resiliente?" me invitó enseguida a leer la lista y a contestarme si las ciudades donde he vivido cumplían con algunos de los puntos ahí mencionados: sistema de bicicletas públicas o algún sistema de transporte rápido (o ambos), ciudades aptas para desplazarse caminando, disponibilidad de biocombustibles, presencia de arquitectura bioclimática, agricultura urbana o comunidades dedicadas a la agricultura para proveer a la ciudad, inversión de adecuado impacto (o como quien dice inversión inteligente), existencia de red inalámbrica en malla, resiliencia social y presupuesto participativo.

Unas ciudades tienen algunos elementos, algunas no tienen ninguno, algunos elementos no se si están disponibles pero uno de los que más me gusta y me parece digno de dedicarle estas líneas es el presupuesto participativo.

En Montevideo, la ciudad donde actualmente vivo, existe el presupuesto participativo y para mi gusto funciona y lo hace bien. Comenzó a ver la luz en la década de los 90 cuando los recién creados municipios de Montevideo invitaron a los vecinos a definir prioridades para ejercer el presupuesto público. Una década después existía formalmente y hoy es un instrumento que garantiza el derecho de participación ciudadana para proponer y luego votar de forma secreta la  la realización de obras y servicios sociales de interés vecinal.

La Intendencia de Montevideo reconoce que esta iniciativa tiene la "capacidad para actuar como factor de educación en ciudadanía, fomentando un clima de colaboración en donde puedan trabajar juntos y aportar al bienestar colectivo, los gobernantes, técnicos y cuidadanos/as organizados y no organizados, estableciendo modalidades de comunicación entre sí con el gobierno municipal para un hacer democrático, solidario e integrador".1

Coincido con todo esto pero además creo que la aportación más grande del presupuesto participativo es el desarrollo del sentido de pertenencia. En todo el mundo los ciudadanos viven su barrio, lo critican, lo gozan, lo padecen y hasta ahí. En donde existe el presupuesto participativo después de la queja hay cabida para las propuestas, las ideas, el trabajo en equipo, la presentación de un proyecto, la votación y si son elegidos: la obra.  Ahora los ciudadanos son dueños de su barrio y pueden adaptarlo, mejorarlo, colaborar para que su ciudad se vuelva resiliente y por añadidura ahora desean cuidarlo y respetarlo.

En mi barrio se presentan muchas propuestas cada año; en elecciones recientes una de las que elegimos fue invertir en la mejora de un parque lineal que así al natural era hermoso pero que podía además volverse útil, conservarse vivo y ser un centro de reunión de chicos y grandes sin perder su carácter de espacio público y popular.


El Parque Baroffio une una de las principales avenidas de Montevideo con la rambla a lo largo de aproximadamente 1500 m (aquí el mapa de localización), sirve además de frontera natural entre dos barrios; aloja un hermoso Molino antiguo y por uno de sus linderos corre un pequeño arroyo que sirvió en su momento de combustible para el Molino de Pérez. Su nombre homenajea al Arq. Eugenio Baroffio, responsable de parte de la planeación urbana de la ciudad en las primeras décadas del siglo XX.


Fuente: Comisión Parque Baroffio

El proyecto ganador de un presupuesto de poco más de 100 mil dólares se llama "Pista de Salud en Parque Baroffio"; consiste en la pavimentación rústica de una de senda aeróbica de mil metros y la instalación de estaciones con módulos para gimnasia. La obra fue propuesta por la Comisión del Parque que mantuvo siempre en mente que el parque debía mantenerse en estado natural y que las intervenciones que allí se realizaran sirvieran para convocar a la participación comunitaria, evitando que la actividad privada invadiera. 


¡Y vaya que lo lograron! El parque hoy está lleno de vida, la gente tiene un espacio seguro para correr o caminar, aparatos para hacer ejercicio sin tener que pagar un gimnasio, se conservaron los juegos para los niños y un espacio suficiente para jugar fútbol, para sentarse a disfrutar el espacio, para convivir con familiares y vecinos.


Montevideo tal vez no tenga todos los elementos que la harían una ciudad resiliente pero sí tiene presupuesto participativo, al menos en mi barrio funciona y me hace sentir una ciudadana satisfecha y orgullosa.



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