miércoles, 24 de abril de 2013

La ciudad que lee

De: Espinoza, Lafont y Segura vía ZetoPhotos en Flickr

Si sentáramos a diez japonenes en la sala de espera de un consultorio médico y pusiéramos una mesa con libros y revistas a su disposición; nueve de ellos tomarían alguno de los ejemplares para leerlo mientras esperan. Si los pacientes fueran alemanes, siete pasarían el rato leyendo; si fueran uruguayos o españoles serían seis los lectores. La mitad de la sala estaría leyendo si estuviéramos en Argentina, Chile o Brasil y dos o tres solamente tomarían un libro si nuestra utópica escena se desarrollara en México o Perú.

Estas son las estadísticas que se repiten año con año después de que UNESCO o CERLAC hacen estudios sobre los hábitos lectores. Estas son las estadísticas que hace dos días cuando se celebró el Día del Libro la prensa nos recordó. Estas son las estadísticas que cuentan también que mientras que en Islandia cada habitante lee cuarenta libros al año y más aún, que probablemente uno de cada diez se convierta en autor; en México  se logra apenas un índice de 2,8 libros por habitante el año y en Colombia si bien les va lograrán que cada personas lea 2,2 libros por año.

Los gobiernos dicen estar horrorizados con estos números y no comprenden cómo es que la gente no lee si ya casi en ningún lugar los libros pagan impuestos, y si en las escuelas los obligan a llevar un libro a casa por semana, y si las maestras les dicen a los niños que lean mucho para ser cultos y si en las empresas les regalan a sus empleados un libro a fin de año. ¿Qué pasa, por qué nadie lee?

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