martes, 5 de marzo de 2013

Ciudades a merced del consumo

Imagen del diseñador Uruguayo Gervas

Hace unas semanas, durante la madrugada, entraron a robar al patio de mi casa; cuando oí ruidos prendí una luz y los 'amantes de lo ajeno' salieron corriendo con una bicicleta, una caja de herramientas y algunas otras cosas que encontraron a la mano. Con las prisas ya no se llevaron todo y dejaron otra bicicleta y la pequeña garrafa de 13 kilogramos de gas L.P. enfiladas hacia la puerta. La noche siguiente volvieron por lo que les faltó.

El instinto me dijo que volverían así que los esperé despierta y cuando oí que brincaban al patio por la barda de atrás desde la azotea de mi vecino, llamé a la policía. Cuatro patrullas llegaron en menos de 5 minutos y pudieron agarrar a uno; el otro fue muy veloz, muy rápido y muy fuerte pues alcanzó a huir garrafa de 13 kilos en mano.

El hombre con súper poderes que huyó saltando bardas y rejas cual si fuese el hombre araña en un momento de euforia es probablemente una víctima más de la pasta base, la droga más cruel que existe y que ha encontrado muchos seguidores en Sudamérica.

La pasta base también llamada "paco", "basuco" o "lata" se elabora con los residuos de producción de cocaína a los que salvajemente se les agrega ácido sulfúrico y queroseno. El resultado es una droga muy barata, altamente tóxica, extremadamente adictiva y cuyo efecto dura alrededor de 10 minutos.


Los 10 minutos de euforia, la cual se estima es diez veces mayor que la alcanzada con la cocaína, se obtienen a cambio de una dosis con un costo aproximado de 2 dólares y si todo esto no fuese suficiente crueldad resulta que se comercializan microdosis conocidas como "chasquis", "petardo" o "pitillo" que cuestan un dólar y tienen un efecto de aproximadamente 5 minutos. Cada adicto consume de alrededor de quince microdosis al día (pero pueden llegar a consumir hasta 50) y para ello necesitan un ingreso mínimo de 15 dólares al día.

Los adictos a esta droga son discriminados hasta por los cocainómanos pues los efectos colaterales del consumo de pasta base van desde alucinaciones hasta psicosis y muerte cerebral contando además anorexia, daño hepático. La adicción es de las peores y las víctimas no pueden pensar en nada más que en drogarse, no en vano en Chile les llaman "los angustiados"; llega un momento en el que no trabajan, no estudian, no comen, no se bañan, no se cambian de ropa y roban, roban lo que sea, lo que puedan vender por un par de dólares en cualquier mercado o feria callejeras o incluso cualquier cosa que les pueda comprar su mismo proveedor.

Una droga muy local, eso es la pasta base, no es popular e incluso ni siquiera es conocida en otras latitudes; llegó a Sudamérica por allá del año 2000 como consecuencia del denominado Plan Colombia. El objetivo era combatir el narcotráfico en aquella nación que de tener aroma a café había pasado a oler a droga; una de las estrategias fue prohibir la entrada y comercialización de las sustancias necesarias para procesar la pasta base y convertirla en cocaína. A falta de compuestos precursores en los "narcolaboratorios" locales los carteles colombianos empezaron a sacar del país la pasta base para que, fuera de fronteras, sus socios la terminaran de procesar.

Pero los socios resultaron más listos que bonitos y además de establecer laboratorios en Argentina, Chile, Uruguay para cumplir con su misión optaron por también distribuir la pasta base como una nueva droga que en medio de la crisis económica de 2001 - 2002 fue aceptada con gusto.

Algunos consumidores de pasta base fueron "eventuales" y tan pronto se acabó la crisis volvieron a la cocaína pero la pasta base se quedó y se popularizó en los barrios pobres, en la periferia de las ciudades. La estrategia del narcotráfico en esta región había cambiado sin querer y así también cambió la seguridad pública en las ciudades.

Son 'rapiñeros', no les interesa robar un auto completo pero sí algún accesorio que se convierta al menos en un par de dosis. Comienzan robándole a su familia, luego a sus vecinos y luego saltan a otros barrios donde pueden encontrar más; muchos son menores de edad; los castigos nunca son ejemplares y ellos siguen robando sin miedo; tan poco miedo tienen que en Facebook encuentro un grupo que se llama "Yo también he vendido las cosas de mi abuelita para comprar pasta base"; mientras escribo este artículo veo que el grupo ya registra 18.442 'me gusta'.

En contraste, está el grupo también de Facebook "Madres de la plaza"; una Asociación Civil que lucha desde 2006 contra el monstruo de la pasta base. Su objetivo es fortalecer a los familiares de adictos, denunciar la existencia de puntos de venta (bocas) y  fomentar la creación de lugares de atención y readaptación  para adictos. Su página en la popular red social ha recibido poco más de 1.600 'me gusta'; su página de Internet invita a hacer denuncias anónimas, a informarte, a portar un listón amarillo que apoya su causa y además promueven un proyecto de Ley para un Sistema Nacional de Rehabilitación y Reinserción de Adictos a la Pasta Base de Cocaína (PBC).

No son millones de consumidores en cada ciudad; son un grupo, incluso reducido, pero todos los días, rutinariamente, salen a las calles a buscar droga pero antes buscan a toda costa con qué pagarla. Así es la historia de las drogas, en algunos lugares la gente muere por venderla en otros por comprarla y en todos por consumirla.

No habrá ciudad que pueda presumir de sustentable si no es segura y no habrá ciudad segura si está a merced del consumo de drogas.



1 comentario:

  1. Lastima que te paso eso, mucho animo y no te me desavalorines.

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