martes, 3 de julio de 2012

Las joyas de Montevideo. Segunda parte.


Enamora a propios y extraños; es orgullo de los locales y objeto de admiración de foráneos; no es una obra arquitectónica ni una pieza de museo pero sin duda es una de las joyas de Montevideo: la rambla.

Lo que en otras latitudes se conoce como malecón, paseo marítimo o costanera, en Uruguay recibe el nombre de rambla y en el caso de Montevideo se trata de algo más que una avenida que bordea el Río de la Plata a lo largo de 22 kilómetros; es una vía de circulación vehicular, es un paseo peatonal, es el mejor lugar para pedalear o correr, es un sitio de reunión, es un espacio público apto para hacer ejercicio, para practicar 'skateboarding' o para simple y sencillamente sentarte a contemplar las aguas a veces calmas, a veces bravas del río.



Montevideo no sería el mismo sin su rambla y el montevideano sería sin duda un ser diferente si este espacio no existiera. Dada su relevancia y sus múltiples significados en la vida cotidiana de la ciudad ha sido declarada Monumento Histórico y aparece en la lista de lugares propuestos como Patrimonio de la Humanidad.

La Iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles (ICES) del BID reconoce a Montevideo como una de las ciudades latinoamericanas con más metros cuadrados de espacio público por habitante (12,68 para ser exactos) y sin duda aquí la rambla es determinante.

La rambla ha permitido además preservar algunas cosas que en otras ciudades han quedado en el olvido: gracias a ella no se ha construido sobre la playa manteniendo a esta libre y pública en toda la extensión de la palabra, gracias la rambla se conserva una acera lo suficientemente ancha para que cohabiten peatones y ciclistas, gracias a la rambla el paisaje montevideano tiene su origen en la costa y la sensación que genera el dar la vuelta en una calle y toparse con la inmensidad del Río de Plata es inigualable.

Todavía a principios de la década de los 30, la rambla se conocía como "el bajo", ahí estaban los prostíbulos, los cementerios, las zonas que se inundaban, el cinturón de pobreza de la ciudad, la cárcel (hoy convertida en centro comercial) y hasta el hospital a donde eran enviados los enfermos de tuberculosis.

En 1935,  se construye la rambla sur para ganarle tierra al agua y entonces aparecen conceptos e ideas como el 'higienismo', el rescate, la fachada de la ciudad, las playas urbanas; el proyecto creció y la rambla se extendió y la ciudad fue extendiéndose a lo largo de ella y así la vida de Montevideo comenzó a girar desde los años 50 en torno al río.

Hoy, la rambla que va cambiando de apellido conforme avanza y que recorre desde el puerto hasta Carrasco, último punto de la ciudad antes de que la ruta se enfile hacia el este; ofrece al paseante playas, jardines, museos, parques, pequeñas cafeterías, aparatos de ejercicio, embarcaderos, club de yates, campos de fútbol, canchas deportivas, mercado de productos del mar, restaurantes, club de golf. Según la temporada ofrece también sol, viento frío, impresionante neblina, espectáculos de surf, de veleo, la vista de buques formados esperando llegar al puerto y toda la inmensidad del río que en 1516 abriera las puertas de estas tierras a la expedición española de Juan Díaz de Solís.

En la búsqueda de la sustentabilidad, de la calidad de vida, del contacto de la naturaleza con la urbe, un espacio público de esta envergadura, con esta tradición y con esta flexibilidad es sin duda una piedra angular.

La rambla es un gran balcón con vista al mar al que todo el mundo tiene acceso; es un espacio bello, un espacio inclusivo, un espacio libre y una verdadera joya. Porque de Montevideo, yo me enamoré en su rambla.

1 comentario:

  1. Gracias por dedicar esta y la anterior entrada a nuestra bella ciudad! Muy interesante e informativo el blog.

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