martes, 24 de enero de 2012

El discreto éxito de la educación ambiental

Foto: "No contaminación" por Antoine Courmont

Desde que yo era niña, en la década de los 80, se decía que la educación ambiental era urgente y prioritaria; entonces la estrategia era simple pero prometedora: mensajes cortos, claros y repetitivos, "ciérrale al agua", "ponga la basura en su lugar", "afina tu auto". Más de 30 años después, la gente sigue incluso arrojando basura por la ventanilla del auto.

Las campañas no sirvieron mucho y años después se gastaba más agua, el parque vehicular crecía exponencialmente, las ciudades se inundaban de basura y la comida rápida siempre era bienvenida. La estrategia cambió; y en los años 90 se decidió que lo mejor era llenar las espaldas de los ciudadanos de culpas, los mensajes entonces ya no eran sugerentes, eran condenatorios, trágicos. Muchos entonces nos sentimos destructores del planeta pero muchos otros respondieron con más rebeldía a esta clase de campañas.

La educación ambiental siguió trabajando un poco en el ensayo y error y tuvo también su época en la que grupos extremos daban el mensaje de que vivir en forma responsable significaba iluminarse con velas y ducharse bajo la lluvia; esta postura desalentó a muchos que al no poder (o no querer) optar por ese estilo de vida prefirieron el extremo contrario.


Llegó al fin el concepto de "educación ambiental para el desarrollo sustentable o sostenible" y con él las posturas, teorías, ideas y modelos de Enric Pol, Eva Kras, Marta Rosa Muñoz y Jaime Lerner; tal vez cada uno de ellos proponiendo estrategias muy diferentes pero con un común denominador: el éxito radica en el desarrollo de valores y conciencias sustentables y si bien esto es relativamente fácil lograrlo en la infancia, en la edad adulta es casi imposible modificar los valores pero lo que sí se puede es cambiar las actitudes y conductas de los ciudadanos.

Es claro que hoy la mayoría de la gente sabe lo que está bien y lo que está mal pero como bien dice Enric Pol, más allá de seres racionales, somos racionalizadores y solemos encontrar la justificación perfecta para nuestra conducta; por ejemplo, un fumador sabe del daño que ocasiona el tabaco pero se justifica diciendo que es su único vicio y que sólo fuma por las tardes. La educación ambiental no puede limitarse sólo a dar información; sin duda no ha bastado ni bastará.

¿Cómo desarrollar entonces ciudadanos más conscientes? Después de leer a los principales exponentes del tema y de trabajar por un tiempo en esto de educar conciencias puedo decirles que lo que al menos se necesita es:

  1. Dar información veraz y oportuna presentada de forma simple.
  2. Dejar de concebir la sustentabilidad o sostenibilidad como sinónimo de "cuidado del medio ambiente"; o a la sustentabilidad económica como un tema diferente a la social. La visión debe ser integradora, sistémica u holística como se ha puesto de moda llamarle. No sólo se trata de ahorrar agua, también se trata de comercio justo, de promoción de la economía local, de equidad social, de salud pública, de inclusión, de calidad de vida.
  3. Acompañar cualquier esfuerzo de leyes, normas y regulaciones que garanticen que las cosas se harán bien hoy y siempre; el ciudadano que separa su basura, merece que esta se recolecte de forma diferenciada y que en verdad se recicle, se haga composta, se disponga de forma responsable.
  4. Diseñar planes y programas que operativamente sean cómodos para el ciudadano; es decir, no se puede fomentar el uso del transporte público si es escaso, de baja calidad y no tiene suficiente cobertura.
  5. Ética y coherencia a todos los niveles y en toda la extensión de las palabras: medios de comunicación veraces, gobierno comprometido, padres de familia honestos.
  6. Desarrollo del sentido de pertenencia. La ciudad es tan tuya como mía y al final es una extensión de mi casa y por ello no arrojo papeles por doquier, no descargo el agua sucia en su río y no maltrato a mis conciudadanos como tampoco debiera tirar basura en el piso de mi habitación, descargar las aguas negras en mi aljibe y maltratar a mis hijos.
Pensemos un poco en estos puntos cuando desarrollemos campañas de educación ambiental, cuando eduquemos a nuestros hijos y alumnos, cuando elijamos nuestro estilo de vida. La educación ambiental no ha sido muy exitosa en las últimas décadas, pero el tiempo no se ha perdido, el ejercicio de ensayo y error ha permitido obtener conclusiones que hoy sirven como pilares para un nuevo modelo educativo.

Sea bienvenida una era en la que formemos ciudadanos íntegros, solidarios y ambientalmente exitosos.

La historia de la educación ambiental en vídeo

De lo básico:

A lo trágico: 

A algo más creativo:



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