martes, 8 de noviembre de 2011

Los huérfanos incómodos

Foto: Susan DeMark

Si vas a un parque a pasar el domingo y cuando te vas dejas basura, el pasto quemado de donde prendiste fuego para asar carne y de paso las llantas del coche marcadas sobre lo que era un lindo pradito, además de que deberías tener aunque sea un poco de remordimiento deberás estar consciente de que dejas un daño que si tradujera en pesos y centavos en el idioma de los contadores se llamaría pasivo.

Los pasivos no le gustan a nadie; al final no son otra cosa más que deudas, compromisos pendientes. Cuando el pasivo supera al activo, es decir a los bienes y derechos que posees entonces resulta que no tienes nada, que no has logrado consolidar un capital.

Pues bien, aunque la analogía en un principio suene lejana, con el medio ambiente pasa lo mismo: cuando el daño supera el valor natural, patrimonial, desde el punto de vista de la biodiversidad o meramente simbólico resulta que se ha perdido todo a menos de que se diseñe un mecanismo efectivo para pagar la deuda.

Hoy se habla mucho ya del concepto "pasivo ambiental" y muchos gobiernos procuran que las empresas, ciudadanos y organizaciones se hagan conscientes de que el impacto ambiental trae como consecuencia una deuda. El problema no es en realidad ese, el meollo del asunto radica en cómo cuantificar el pasivo ambiental y por ende cómo cobrarlo.


La cosa se complica aún más cuando empresas multinacionales crean pasivos ambientales fuera de su país y peor está la cosa si el daño es en un país en vías de desarrollo; hasta ahora pareciera que esas deudas les han sido condonadas por el olvido, por la corrupción y especialmente por la falta de medición de herramientas de cuantificación y cobranza.

Muchas han sido las iniciativas, pero el problema es complejo; al final, no hay dinero que pague un bosque incendiado, un mar contaminado o un  río secado así que hay comunidades que no están dispuestas a recibir dinero pero sí a que el responsable pague por la remediación. Otra iniciativa es acompañar la legislación de cada país en relación a los pasivos ambientales con la creación de un fondo mundial que pague por los daños huérfanos.

Hasta hoy la mayoría de los pasivos ambientales solventados total o parcialmente han podido ser pagados porque la sociedad civil a través de organizaciones, juntas vecinales, asociaciones o Universidades han luchado porque esto suceda mientras que los gobiernos y las leyes permanecen mudos (y a veces también sordos).

Falta mucho por estudiar, regular, legislar y determinar en materia ambiental pero sin duda este es uno de los temas urgentes; la prueba de esto está en que el derrame de BP en el Golfo de México parece ser que es un mega-pasivo ambiental (y social) más huérfano que Oliver Twist.

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