miércoles, 30 de noviembre de 2011

Crónicas de Montevideo. Primera de tres partes.

Foto: todo tiempo pasado fue mejor 

Hace poco más de un mes llegué vivir a Montevideo, Uruguay; sin duda una ciudad hermosa, con un gran respeto por los espacios públicos, por las áreas verdes, por las playas libres de hoteles y vendedores pero sobretodo, es una ciudad de casi dos millones de habitantes1 sin tráfico.

Muchos Uruguayos pensarán ahora que me equivoco, pues algunos habitantes de la ciudad se quejan del tráfico cada vez más difícil, pero sin duda no es nada a comparación de lo que sucede en otras ciudades del mundo; bastará decir que todas las mañanas me traslado 5 km por una de las avenidas más conflictivas en lo que a tránsito se refiere y viajo justo en el sentido de la carga vehicular; el resultado: 10 minutos en auto  y 15 minutos en transporte publico.

martes, 8 de noviembre de 2011

Los huérfanos incómodos

Foto: Susan DeMark

Si vas a un parque a pasar el domingo y cuando te vas dejas basura, el pasto quemado de donde prendiste fuego para asar carne y de paso las llantas del coche marcadas sobre lo que era un lindo pradito, además de que deberías tener aunque sea un poco de remordimiento deberás estar consciente de que dejas un daño que si tradujera en pesos y centavos en el idioma de los contadores se llamaría pasivo.

Los pasivos no le gustan a nadie; al final no son otra cosa más que deudas, compromisos pendientes. Cuando el pasivo supera al activo, es decir a los bienes y derechos que posees entonces resulta que no tienes nada, que no has logrado consolidar un capital.

Pues bien, aunque la analogía en un principio suene lejana, con el medio ambiente pasa lo mismo: cuando el daño supera el valor natural, patrimonial, desde el punto de vista de la biodiversidad o meramente simbólico resulta que se ha perdido todo a menos de que se diseñe un mecanismo efectivo para pagar la deuda.

martes, 1 de noviembre de 2011

Se me acabó la patria

Se me acabó la patria pero no lo patriota...

Desde hace unos días vivo lejos de mi país; ahora mi casa, es una patria prestada. No salimos huyendo pero nos esforzamos para tener una oportunidad de salirnos y tener mejor calidad de vida, de recorrer las calles sin miedo; de vivir sin tantos candados.

Mi patria dejo de ser cómoda, dejo de ser segura, dejo de ser pacífica pero en ningún momento ha dejado de ser hermosa.

Soy patriota porque me siento orgullosa de mis compatriotas que son talentosos músicos, prolíficos escritores, destacados investigadores, honestos periodistas y valientes ciudadanos que han tomado las calles, las redes sociales, los espacios públicos y los recintos de gobierno para clamar justicia, para exigir seguridad y para alentar la paz.

Soy patriota porque siento orgullo de la historia de mi país, de su folklore, de su gastronomía, de sus recursos.

Pero sobretodo, soy patriota, porque creo firmemente que México tiene remedio y que tarde que temprano la cura llegará; pero para eso cada uno, desde dentro o desde fuera, desde lejos o en medio del caos, desde cualquiera que sea nuestra trinchera tenemos que hacer patria y esos se logra moviendo conciencias y colaborando para que nuestro pueblo se eduque y exija el desarrollo que se merece.

Los límites de la ciudad


Los planes de ordenamiento territorial son una maravilla cuando se hacen bien pero especialmente cuando se respetan; de hecho, deberían considerarse como el invento del hombre blanco y como tal deberían ser sagrados.

Lamentablemente, no sucede así; muchas ciudades no tienen un plan de desarrollo y de ordenamiento de su territorio; otras lo tienen pero no lo siguen; algunas más lo tuvieron pero el crecimiento poblacional y la corrupción echaron por la borda cada una de las ideas ahí plasmadas; muy pocas ciudades modernas crecen en orden, con límites claros y con usos del suelo claramente delimitados. 

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