martes, 12 de julio de 2011

Pobres más pobres y olvidados

Foto: Artotem
Hace unos días conocí una forma de pobreza que me impresionó y me dolió mucho; me hizo incluso creer que nunca había visto la verdadera miseria; una pobreza producto del crecimiento desordenado, desenfrenado y por supuesto insustentable de nuestras ciudades.

Tengo el gusto de colaborar en un proyecto de la mano de dos maravillosas asociaciones Bunko Papalote y MESE Vasco de Quiroga, de esto les platicaré más adelante, ahora les cuento que gracias a este proyecto llegué a una de esas colonias olvidadas que tiene cualquier ciudad. El objetivo: apoyar a los habitantes en la mejora de su colonia desde la perspectiva medioambiental, habían decidido tener una área verde y querían hacerlo de la mejor forma.

Llegué con todo listo para platicarles sobre los huertos urbanos, la importancia de las áreas verdes, la separación de la basura... todo se quedó en el tintero, la realidad de la colonia es otra. Se trata de una zona de transición entre el campo y la ciudad; de un espacio que gracias al olvido de la Secretaría de Desarrollo Urbano perdió las ventajas de las comunidades rurales y no alcanzó a ganar las de la urbe. Hoy es tierra de nadie.

Cuando salgo de viaje y se comienza a vislumbrar la traza de la siguiente ciudad, veo desde la ventana del coche estas colonias de casas grises aún en obra, separadas las unas de las otras por terrenos que alguna vez fueron parcelas, con calles de tierra por donde pasan bicis, coches viejos y también algunas vacas extraviadas; colonias obscuras de noche, llenas de basura, algunas sin drenaje. Cuando las veo pienso que seguro surgieron porque los habitantes llegaron a invadir los terrenos.

Ese día descubrí que eso no siempre es así, en el origen de la colonia donde estuve hay un "fraccionador" que en trozos de madera clavados en las esquinas pinto el número de cada manzana, que con cal delimitó los lotes  para irlos vendiendo uno a uno a gente que provenía de ranchos, de pueblitos, a gente que buscaba una mejor vida en la ciudad.

Pero ahí no acaba la cadena desafortunada de eventos: muchos compraron su lote y comenzaron a construir, se acabó el dinero y ahí se quedó la obra negra. Algunas de las familias que viven ahí en esas obras negras, no son los dueños, aunque no suene factible lo es, las familias que viven ahí y que en las noches colocan una madera en el hoyo de la puerta y pegan una bolsa de plástico en lo que debiera ser la ventana: pagan una renta por vivir ahí y así.

El famoso fraccionador construyó una cancha de futbol, la pintó muy linda, le puso malla ciclónica, unas gradas; ahí se podrían reunir los vecinos a jugar, a festejar, a platicar, a organizarse; ahí podría ser un pequeño centro comunitario... ¡impensable! hay que pagar $430 al día para usar este espacio, tal vez una semana de salario de alguno de los habitantes de por aquí que salen al amanecer a trabajar y regresan cuando ya es noche, cuando no se ven ya las casas porque no hay alumbrado público.Una vez más me pregunto ¿y dónde está el gobierno que debe regular la forma en que se desarrollan estos asentamientos, la forma en la que se lucra con la necesidad de muchos?.

MESE y Bunko han emprendido de la mano un proyecto para cambiar la vida de los niños de estas colonias, para evitar que se conviertan en niños de la calle o que abandonen la escuela; por su parte MESE trabaja buscando padrinos que quieran ayudar a que un niño de estos no tenga que dejar la escuela para ayudar con el sostén de su casa, les da una beca, una despensa mensual, acceso a donativos en especie, ha creado un espacio de reunión, clases de regularización, pláticas para sus padres, una ludoteca, una sala de cómputo. Bunko por su parte lleva sus maravillosos talleres de lectura a estos niños; les ayuda a desarrollar habilidades cognitivas que les serán útiles en la escuela pero sobretodo les ayuda a aprender a relacionarse con los demás de forma amable, solidaria; les ayuda a valorar su comunidad y a luchar por ella.

Algunos de los niños de esta colonia ya están entrando a una dimensión nueva gracias a este proyecto; aún faltan más niños y por lo tanto más padrinos pero también falta que la ciudad voltee a ver a estas colonias, pronto estos chicos conocerán a través de los libros, de sus maestros y hasta de Internet otras formas de vida y comenzarán a hacerse preguntas dolorosas y de difícil respuesta sobre las abismales diferencias que se viven en nuestro México.

MESE y Bunko trabajan para que estos niños sientan que como sociedad no los vamos a desamparar; que se sientan como los niños de todos y que se vean a sí mismos como parte de un mundo solidario. ¿Y de verdad somos solidarios? Todos tenemos por ahí una institución de este tipo a la cual apoyar, una colonia de estas a la cual voltear a ver y una voz o una pluma o un voto útil que usar para exigir a nuestros gobiernos que de verdad trabajen por la equidad social por evitar ricos más ricos y famosos y pobres más pobre y olvidados.


Para colaborar con MESE Vasco de Quiroga I.A.P. con una beca, con donativos en especie o con trabajo vayan a este vínculo.
Para conocer el proyecto de BUNKO Papalote en Xalapa y Morelia visiten su sitio web.

1 comentario:

  1. Gracias, tú descripción sobre como se forman estas "ciudades perdidas" o chabolas, como las llaman al sur del continente, es la mejor que he leído en mucho tiempo.
    También me dejas si palabras sobre la realidad de estas personas.

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