martes, 19 de julio de 2011

La cátedra María Mercedes

Foto: Stanley Fong
Hoy día la televisión se ha convertido 
en el sistema nervioso fundamental 
del avance o retroceso de nuestra cultura nacional. 
- Javier Esteinou Madrid

En México no sólo admiramos a los gringos; la verdad, es que también admiramos a los millonarios, a los magnates que van a toda velocidad por Paseo de la Reforma en un carro de ultra lujo seguidos a toda prisa por sus escoltas a bordo de una camioneta más cara que muchas de las casas en las que vivimos los ciudadanos ordinarios; admiramos su ropa de 'buena marca', sus restaurantes impagables, sus vacaciones exóticas y sus casas donde necesitan un teléfono para llamar de una habitación a otra pues el ordinario grito ademas de perderse en la inmensidad de los espacios, es eso, ordinario.

Los admiramos pese al enorme daño que le hacen al país y a nuestra economía familiar.  Los admiramos tanto que no se nos ocurre que podemos repudiar su forma de vida y protestar por la existencia de un abismo tan grande entre ellos y los que viven en colonias perdidas como de la que hablé la semana pasada.

Guadalupe Loaeza decidió hace poco más de 25 años narrar lo que ella veía en su mundo, lo que sus amigas, sus compañeras de Colegio, sus vecinas hacían, pensaban y soñaban; publicó entonces el famoso libro "Las Niñas Bien" del cual ha vendido 300 mil ejemplares (!!!); y cómo no va a ser así, si los mexicanos disfrutamos tanto leyendo sobre esa vida de sueño. Libros como éste, revistas como "Hola", programas como los del canal "E!" han despertado el morbo de cientos de mexicanos que mueren por saber qué comen los millonarios, dónde duermen, qué piensan, cómo eligen su ropa, sus casas, sus coches.


El morbo saciado por la tele y la prensa han hecho que nuestros millonarios sean ídolos.  No puedo aquí dejar de mencionar la siempre insistente labor de nuestras afamadas y bien amadas televisoras mexicanas que por años han elegido como protagonistas de sus producciones a la rubia, la bonita, la delgada, la millonaria; siempre así, sin equivocarse. Algunas de sus producciones inician con una protagonista pobre, fea y/o gorda pero al final siempre se convierte en rubia, bonita, delgada y millonaria; la cenicienta mexicana se llama María Mercedes (o Marimar o María la del Barrio), tiene la cara, el cuerpo y la vida de Thalía y le ha hecho mucho más daño a nuestra sociedad de lo que imaginamos.


María Mercedes le ha enseñado al pueblo mexicano, a nuestras mujeres, que el trabajo enaltece (siempre y cuando le vendas un billete de lotería a un millonario que acto seguido te pida matrimonio), que los pobres son comprendidos (siempre y cuando después de un baño se parezcan a Thalia), que no es necesario exigir educación pues su vida puede mejorar tan sólo con un golpe de suerte  (siempre y cuando trabajen jornadas de 12 horas en un semáforo y resistan años comiendo poco y viviendo mal hasta que un productor de Televisa las encuentre).

Una triste realidad de nuestras televisoras es que tal como lo afirma Laura María Bolaños, en su tesina titulada "La Imagen de la mujer en las Telenovelas Mexicanas" 'los productores de telenovelas solo están interesados en saber cual es la audiencia (el raiting) de su programa sin importarles de que forma esta siendo asimilada su historia'.

La forma de asimilar la historias ha sido conveniente tal vez para ellos y para nuestros gobiernos pero seguro que no para el pueblo; muchas mujeres sin acceso a una mejor educación que la que pueden tener a través de los contenidos televisivos o los programas de radio se educan en valores, desde niñas, a través de las telenovelas y lo que es peor aún adquieren un estereotipo de lo que debe ser una mujer precisamente de esas producciones.

Las televisoras, y en especial Televisa, aprovechando esta gran influencia trabajan ahora en proyectos juveniles y hasta infantiles. Nuestros niños y adolescentes pueden ahora inspirar su futuro en las telenovelas ¡qué alentador!.

Al final, ¿qué tenemos? pues que a muchas mujeres no le pasa por la mente lo insultante que es la riqueza de un Carlos Slim, de un Emilio Azcárraga; no les parece injusto que su patrón se bajé de un auto que se paga en dólares para que no se vean tantos ceros juntos y les pague dos ó tres salarios mínimos por su trabajo; que la dueña de la casa donde trabajan use vestidos impagables y le ponga llave a la alacena para que ella no vaya a comer algo mientras limpia las enormes escaleras de mármol; no les parece que tienen derecho a exigir educación, calidad de vida, servicios de salud; les parece más bien que un día un millonario se puede enamorar de ellas y cambiarles la vida y si no sucede es porque Dios así lo quiso. Son mujeres que se han graduado con honores de la cátedra María Mercedes.


3 comentarios:

  1. Bien!!! pero ojalá lo supieran las que viven esta realidad, como la mujer que planchaba la ropa en mi casa hace muchos años, estaba pendiente de la telenovela porque si la protagonista dejaba a su marido ella también lo haría, obviamente, le esperaba un príncipe azul después. De verdad que esto debería dar risa, pero a mí me da desesperación por lo real que es. Sigue escribiendo, es tu contribución social.

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  2. yo admiro a don felipe y sus tacos de tripa organicos, y admiro al ratero que se metio a los pinos diciendo que era de fumigacion, admiro la velocidad con la que lso pirtaas de tepito sacan copias clones de los dvds de las peliculas que aun no se estrenan, los admiro y les estoy gradecido, y tambien estoy dispuesto a darle sus nalgadas a maria mercedes pro ser tan mala, taaaaaaaan mala....

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  3. jejeje, eso me hizo recordar a unos compañeros del trabajo queveian LA ACADEMIA, y no entendian porque no admiraba a sus artistas, lo bien entonados , el esfuerzo...
    lo mismo se podria extener a ser personajes de telenovela que seconvierten en estereotipos, no niego que alguno que otro tenga hasta un gesto o ademan simpático, pero el daño que también causan a nuestra gente, es terrible.

    ahora, "TIENEN EL VALOR DE CAMBIAR LA PROGRAMACIÓN... O LES VALE?

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