martes, 12 de abril de 2011

Un zopenco que cometerá graves errores

Fuente: Círculo de Estudios - Brújula Metropolitana
Sin duda una de las calles que más me gustan de la Ciudad de México es Miguel Ángel de Quevedo; me gusta porque hace esquina con avenidas tan importantes como Insurgentes, Av. Universidad o División del Norte, me gusta porque es uno de los caminos al siempre agradable centro de Coyoacán, es maravilloso que aloje a tres grandes librería, me gusta porque tiene su propia estación del metro, pero me gusta especialmente por su ancho camellón arbolado. En Miguel Ángel de Quevedo hay fresnos y cipreses, hay jacarandas y bugambilias, árboles y arbustos; Quevedo es una avenida verde y sombreada.


Y no podía ser de otra forma pues Miguel Ángel de Quevedo, Ingeniero nacido en 1862 en Guadalajara, es conocido como "el apóstol del árbol". A él le debemos la introducción de especies como las jacarandas en la ciudad de México para sustituir a los problemáticos (y abusivos) eucaliptos; a él le debemos también la existencia de los viveros de Coyoacán y pudimos haberle debido una Ciudad de México verde, muy verde.
Esto último nos lo quedo a deber porque su proyecto fue ignorado, abandonado, boicoteado y todo lo que se les pueda ocurrir que suceda para que un ideal no se convierta en realidad. Si el proyecto de Quevedo hubiera continuado, hoy el Valle de México sería una de las zonas con más variedad arbórea en el mundo.


Quevedo comenzó a trabajar en México después de haber sido educado en Francia. Su primer puesto fue el de supervisor de las obras de drenaje de la Ciudad de México y su labor era lograr desaguar a la metrópoli; el Gran Canal, una obra supervisada por él fue parte de uno de los más grandes y exitosos proyectos hidráulicos de la ciudad.


Un accidente durante las obras de drenaje que pudo haberle provocado la muerte llevó a Miguel A. de Quevedo a tomar la decisión de retirarse del proyecto; en su convalecencia tuvo tiempo de meditar acerca del tema del agua en la ciudad y su muy estrecha relación con los bosques urbanos y periféricos. En 1901 se levantó con nuevas fuerzas y en el Congreso Nacional de Clima advirtió: "La falta de vegetación en extensas áreas de nuestro país y, particularmente, la falta de bosques agrava, de manera muy peligrosa, la irregularidad de las lluvias y de las corrientes de agua, a tal grado que las soluciones a los problemas de riqueza agrícola e industrial serán imposibles si uno sigue talando los bosques."


Quevedo puso manos a la obra y tuvo avances significativos como lograr una Ciudad de México con una superficie arbolada del 16%, el establecimiento de los Viveros de Coyoacán que llegaron a producir 2 millones de árboles al año los cuales fueron regalados y sembrados en su totalidad, un conjunto de parques perifericos y suburbanos y un hermoso plan de reforestación que fue interrumpido por la Revolución.


Quevedo uso los años de guerra para continuar sus estudios y sus investigaciones en Europa, luego volvió pero encontró que el caos de los años de la Revolución había acabado con muchas de las áreas reforestadas. Continuó trabajando para el Gobierno pero no logró que sus ideales fueran prioritarios para la Nación.


Y parece que los bosques urbanos siguen sin ser prioridad, parece que cualquier supervía o segundo piso es más importante que un parque, o que construir más edificios corporativos en lo que solía ser un bosque es fundamental,y pero aún; parece que no se ha entendido que el problema de las inundaciones, del irregular clima y de la erosión está estrechamente relacionado con la existencia de bosques y áreas verdes.


Cuando Miguel Ángel de Quevedo estudió en Francia fue alumno del profesor Alfredo Durand-Claye el cual insistía que un conocimiento de silvicultura era más necesario aún en México que en otras naciones, ya que México era un país montañoso que sufría de lluvias torrenciales y prolongadas sequías y quien siempre advirtió a sus estudiantes:
"Un ingeniero hidráulico que no tenga conocimientos forestales es deficiente, es un zopenco que cometerá graves errores."
¿Alguien ha visto por aquí a esta clase de ingenieros hidráulicos? Ojalá no y ojalá mejor ande por ahí otro Quevedo que lleve el apodo que a él algún día el pusieron: "ingeniero contra catástrofes" y es que con estos calores... habrá que esperar las lluvias con nuestros documentos importantes en una bolsa de plástico como suele recomendar CENAPRED.

Fuentes:
http://www.yoinfluyo.com/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=116
http://ciceana.netfirms.com/contenido.php?cont=194

1 comentario:

  1. Ojala se anoten muchos ciudadanos en el cambio que propones...cambiar selvas de vehículos contaminantes y cemento también contaminante,por bosques que nos regalan vida a cambio de que los dejemos vivir...!!!que vuelvan los twitters melodiosos y se callen los insultantes.

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