martes, 22 de marzo de 2011

El terrible vicio de la lectura

Foto: Bunko Papalote
A veces pienso que en este país leer no es del todo bien visto o por lo menos que es una medicina alternativa cuyos beneficios no se han comprobado y por ello no es muy recetada, tal vez, sólo recomendada por algunos.

Y es que los maestros no recetan lectura, y los padres de familia no dan permiso a sus hijos de tener de vez en cuando una sobredosis de libros y el gobierno y las empresas no promueven que los libros estén al alcance de la mano de todos para que quien quiera se autorecete.


Lo que más bien sucede es que padres de familia y maestros se preocupan cuando niños de 8 años aún no leen bien, de corridito y respetando los puntos y las comas; o cuando los niños de 5 ó 6 años se angustian cuando comienzan a vivir el proceso de aprendizaje de la lectoescritura. Sorprendentemente estos mismos niños rara vez ven a sus padres y maestros leer y pocas veces alguno de ellos se sienta a leerles uno o varios cuentos.

Tengo el gusto de participar en la organización de la Feria del Libro de la escuela de mis hijos y cuando llega el tiempo de sentarme en mi 'puestito' de libros a vender me alegra ver el entusiasmo de los niños, cómo se arremolinan sobre los libros y los hojean, abren los ojos llenos de asombro, las palabras impresas les arrebatan risas, las imágenes los absorben... entonces buscan en sus bolsillos el dinero que les dieron sus papás para libros, tal vez 50 ó 100 pesos algunos más afortunados:"¿Cuánto cuesta este, y este, y este pequeñito?, ¿para que me alcanza con $25?", suele no alcanzarles para todo lo que quieren, se angustian por unos momentos "¿Va a venir mañana, puedo apartarlo?, le voy a pedir más dinero a mi mamá". Algunos lo logran, algunos logran al menos la mitad y otros no tienen tanta suerte. Siempre pienso que ¿por qué meditamos tanto darle $100 ó $200 ó hasta más de eso a nuestros hijos para libros pero no nos preocupa mucho gastar más de $1000 en un videojuego ó $200 en una ida  al cine ó dinero y dinero en pizzas, juguetes, dulces, hamburguesas, helados...?

La respuesta parece no ser tan compleja: la lectura no está en nuestra lista de prioridades. Tal vez porque nos  han enseñado que se lee para ser cultos, para ser líderes y para tener temas de conversación y nadie nos ha dicho que leer te permite viajar sin boleto, que leer es la mejor terapia individual o de grupo si se hace de forma acompañada, que leer es un permiso para soñar despiertos, que leer puede ser un deleite para los sentidos, que leer no es algo que se haga para ser famoso, se lee para disfrutar, para imaginar, para vivir mil vidas sentado en un sillón o recostado en una cama.

En la misma Feria del Libro de las que les cuento tuvimos el gran honor de tener con nosotros al escritor Francisco Hinojosa quien se tomo el tiempo de leerles a los niños de primaria dos cuentos y de platicarles cómo es que se hizo escritor y cómo es que se le ocurren sus locos, divertidos y maravillosos relatos. Después, se enfrentó a 150 adolescentes de secundaria sentados en el patio justo después de la hora del recreo: algunos somnolientos, otros inquietos y por supuesto el grupo de los desafiantes que no se callaban y no permitían escuchar al autor hasta que éste dijo en el micrófono: "El libro que les voy a leer hoy se llama 'Pinches chamacos'" - silencio absoluto, y después, ni un parpadeo, ni un murmullo hasta que el relato acabó. Hay libros para todo los gustos, para todas las edades, para todas las necesidades, para todas las personalidades; y ahí están nuestros escritores queriendo ser leídos, llenos de una pasión que quieren contagiar.

En una época de crisis de valores, en una era en la que nuestras ciudades y sociedades crecen anárquicamente, cuando parece ser que la sustentabilidad está lejos, muy lejos, en los tiempos de la tele y el Internet: los libros tienen curas y remedios esperando ser usados. Y como diría Francisco Hinojosa: "Pinches chamacos, pónganse a leer".


...Y no me voy sin dejarles el sitio de un gran proyecto de promoción de la lectura que los que viven en Xalapa o Morelia pueden disfrutar y pues el resto puede colaborar: Bunko Papalote

3 comentarios:

  1. Gracias Sofía por dedicar uno de tus martes al vicio compartido de tus seguidores, o como tu le llamas, a la medicina que consumimos y para la que afortunadamente no necesitamos receta. Pues si no tuviéramos ese afán de descifrar, encontrar sentido, conocer y reflexionar acerca de lo que nos rodea, todos efectos de este poderoso compuesto reconstituyente, no podríamos como bien dices, soñar, imaginar, re-crear, jugar a tener aunque sea en pequeñas dosis la esperanza de poder conocerse uno, conocer a los demás y trabajar por un futuro más incluyente, más equilibrado y porque no, más alegre.

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  2. jajaja ese anecdota me recordo al mitico papirolas, ese personaje que sabia Dios de donde caia pero llegaba a enseñar papiroflexia en las escuelas.
    deberian prohibir libros, como cuando Abascal se quejo de Aura de Fuentes, el libro se vendio como pan caliente, que pena recurrir a esos trucos, pero como decia un maestro de mi primaria " si me tengo que parar de cabeza para que aprendan a sumar, pues aqui me la paso todo el día.
    saludos y sigue promoviendo la cultura, que buena falta nos hace Sofi

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  3. Sofía, yo no hubiera podido poner con palabras el enorme amor que tengo a los libros, y que actualmente comparte mi Chavita. A mi no me duele gastar en libros (despues de todo, de ellos vivo al ser profesora de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo) y ver la emoción de hijo al llegar a casa con tres libros (mismos que empezamos a leer juntos esa misma noche), justificó que al día siguiente lo acompañara a comprar uno que había dejado apartado. $500.00 en libros es poco precio por la experiencia de compartir con mi hijo mi pasión por los libros. Mil gracias Sofía por regalarme esos momentos.

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