martes, 24 de agosto de 2010

Ciudades discapacitadas






Hace algunos años me operaron de una rodilla y tuve una convalecencia mucho más larga de lo esperada, pase de reptar, a la silla de ruedas, de ahí al bastón y por último al paso acompañado de brinquito. La peor de todas estas etapas fue la de silla de ruedas y no porque esta fuera incómoda o algo así, fue porque por unas semanas fui minusválida en un país poco amigable para cualquier persona que viva con una discapacidad.

Al principio pensé que haber logrado salir de la cama y poder tener un pequeño vehículo como la silla de ruedas elevaría sustancialmente mi calidad de vida pero mi ilusión duro unos cuantos minutos pues descubrí que estaba atrapada en mi propio departamento el cual estaba en un edificio de seis pisos con elevador, lamentablemente este veloz dispositivo  que subía y bajaba todo el día sin descanso estaba en el descanso de las escaleras, es decir, me veía obligada a subir o a bajar medio piso para tomarlo. 




Con el paso de los días me di cuenta que lo único que podía hacer, después de que alguien me sacara de mi casa por supuesto, era ir a los centros comerciales donde había un policía cuidando el lugar de estacionamiento para minusválidos, grandes y cómodos elevadores y pasillos lo suficientemente anchos como para maniobrar con todo y silla. Comprar en este país es sin duda la actividad más incluyente de todas.


Para distraerme un poco compré boletos para un evento en el Auditorio Nacional y fui confiada de que ahí no tendría ningún problema, ¡vaya sorpresitas! primero no cupe en el elevador con la pierna estirada, mi silla bajó elegante y veloz por la rampas entre las butacas hasta que nos topamos con escalones y nada más que escalones, para llegar a mi lugar tuve que ser cargada y ya de remate tuvimos que negociar la butaca de la orilla para poder estirar la pierna hacia el pasillo.

De acuerdo al INEGI en México hay alrededor de 2 millones de discapacitados de los cuales 900,000 son del tipo motriz. Por su parte la OMS asegura que en el país hay 10 millones de discapacitados y 4.5 millones son motores. Sean un millón o más de cuatro me parece que es una “minoría” no tan menor y por la cual se han hecho muy pocos esfuerzos.

Algunas ciudades se han preocupado por hacer rampas para sillas de ruedas en las banquetas, por reservar espacios de estacionamiento y porque parte del transporte público sea apto para esta población... pero ni pensar en viajar en metro, ir a algunos estadios a ver un partido de futbol o incluso asistir a la escuela. Se estima que 35% de los discapacitados mayores de 15 años no reciben educación por la inaccesibilidad de los planteles.


Hay que reconocer que han habido avances en este sentido, en mi infancia recuerdo que se vivía como si este sector de la población no existiera, pero aún falta mucho, falta desde la inserción de materias que traten específicamente sobre discapacidades en los mapas curriculares de la carreras de medicina hasta la actualización de leyes y normas que garanticen que las personas con alguna clase de discapacidad gocen plenamente de sus derechos. Falta civismo para respetar los sitios reservados para las personas discapacitadas y faltan lavamanos bajos en los sanitarios públicos. Faltan puentes peatonales especiales y faltan más empleos para este sector de la población.

Nuestra sociedad y nuestras ciudades están discapacitadas y por ello no son aptas para todos; es de preocuparse y ocuparse pues la inclusión social es un importante paso en el camino hacia la sustentabilidad.

4 comentarios:

  1. mira que es interesante, ya sabes que yo soy fan from hell del transporte publico, y si hay algo que nunca falta es una persona sobre ruedas queriendo subir las escaleras de pantitlan, pero tampoco faltan los, aunque apurados y mal desayunados, oficinistas que cargan al susodicho llantas de hule humano. o como mi abuelita que es medio discapacitada porque tiene artritis y cuando va al mercado (con canasta y reboso de bolitas) no flata el teporocho que a cambio de un taco le carga las bolsas. el caso es que me queda claro que la falta de facilities (como dirian los gringos)no es una sunto de indiosincracio o de costumbre, que en mexico si procuramos a las personas que de nosotros necesitan, el pedo es la fata de sensibilida de arquitectos e ingenieros (menos lso de simars, esos son re chingones y sensibles) que cuando el gobierno les encarga un proyecto piensan ams en los cheques y las formas "artisticas" y de "vanguardia" y "simbolismo" y "trascendentalida" de sus proyectos que en que sean utiles y funcionales:

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  2. grandes urbes discapacitadas, eso tenemos...

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  3. E.L.T.S. Sergio R. Pino Justiniano24 de agosto de 2010, 20:47

    Hoy en dia tanto el gobierno como las empresas privadas han dado gran importancia a las necesidades de traslado de nuestra gente discapacitada, observando esto en los accesos que tienen los discapacitados a edificios del orden publico y privado, en estacionamientos, en el transporte urbano, pasos peatonales,etc. Pero estas cuestiones no bastan para satisfacer por completo a esta poblacion, ya que de nada sirve por que nosotros (refiero a las personas que no tenemos ninguna discapacidad) no tenemos conciencia o la cultura por ayudar a estas personas, al no respetar los espacios que estan destinados para la gente con discapacidad.

    Yo creo que nosotros como sociedad tenemos que adoptar la cultura de ayudar y respetar al projimo, para asi alcanzar un optimo desarrollo humano.

    Pero tambien es responsabilidad de nuestros gobiernos, para que a aquellas personas que tienen alguna discapacidad sean tomadas en cuenta para laborar no por lo que no pueden hacer, sino por lo que se saben hacer.

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  4. Sofi esto es muuuuy importante, tú viviste como discapacitada pero era pasajera tu discapacidad y finalmente te reintegraste al mundo.Cuánta gente discapacitada podría trabajar porque sabe hacerlo y podría también divertirse y vacacionar y todo eso y nomás no pueden ni atravesar la calle de su casa porque no hay posibilidad. Recuerdo a mi mamá en su silla de ruedas en sus últimos tiempos, qué felicidad aquél día que logramos llevarla a una plaza comercial y a un café. Pero con silla de ruedas ya nunca pudo ir al cine.

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