martes, 10 de agosto de 2010

Agua que no has de beber, déjala correr






La última vez que fui a Monterrey, después del paso del huracán “Alex” por la ciudad, alguien me dijo refiriéndose al desastre natural: “El agua no tiene memoria”; cuando vi el nuevo cauce del río Santa Catarina ampliado de forma violenta y natural por los fuerte empujones que dio la gran cantidad de agua que el huracán vertió sobre la ciudad le dije: “No, sí tiene memoria y muy antigua, el río recuperó el cauce que el pavimento le había robado”.

Y es que en los años 50 en este país se nos ocurrió que si pavimentábamos ríos, les reducíamos su cauce y podríamos ganar espacio para construir más, para rodar más autos y en el mejor de los casos para hacer un parque. Sonaba como una gran idea porque entubar ríos nos permitía además desechar ahí las olorosas aguas negras sin que nadie se quejara mientras que por arriba corrían a gran velocidad automóviles en cuatro, seis y hasta ocho carriles.

Cuando las ciudades le ganaron el primer asalto al agua dominando a los cuerpos de agua dulce vino el desafío contra el mar y en México como en ningún otro país del que yo tenga noticia se comenzó a construir justo a la orilla del mar de nuevo para ganar terreno, para inventar las “playas privadas”, para que el huésped salte de la alberca al mar sin tener que cruzar una calle.

La franja de tierra que sirve básicamente para delimitar la playa pública, que en muchos casos no es respetada por hoteleros y desarrolladores inmobiliarios, recibe el nombre de Zona Federal Marítimo Terrestre y en México es de tan sólo 20 metros, en muchos países esta zona es de 50 metros, de entrada ahí ya nos hemos visto más abusados y más abusivos para ganarle territorio al mar. Después de esta franja, pasaditos los 20 metros, en nuestro país está permitido construir sin importar huracanes, sismos y mucho menos el impacto ambiental de estas prácticas.

En Costa Rica las construcciones se permiten a 50 metros del mar pero siempre y cuando sean edificaciones de máximo tres pisos, cinco pisos a partir de los 150 metros de distancia y  8 pisos como máximo a partir de los 800 metros. En España como en muchos otros países europeos las construcciones pueden hacerse respetando 100 metros de distancia. En Chile después del último sismo decidieron que ahora sólo se pude comenzar a construir dejando una respetable distancia de 450 metros (antes era según sus palabras de “solamente" 200 metros).

Hace unos años en Yucatán publicaron su Ordenamiento Ecológico del Territorio Costero el  cual no autoriza la edificación en una franja de 60 metros desde la línea de la costa. Los constructores e incluso los miembros del Colegio de Arquitectos se opusieron rotundamente y el Gobierno decidió convocar a una consulta pública para resolver la controversia; ganó el ordenamiento y hoy tres años después de haberse decretado los resultados son una gran cantidad de infractores que deben ser perseguidos y sancionados por PROFEPA

Lo increíble es que pese a que la Zona Federal es verdaderamente angosta muchos constructores violan la ley construyendo sobre ésta; tal es el caso de Tulum donde grandes desarrollos y hoteles en operación han tenido que ser clausurados.

Pero mientras los seres humanos nos desgastamos entre leyes, violaciones a las mismas y consultas públicas el mar sigue haciendo lo suyo: recuperar su espacio lenta o silenciosamente como sucede en Acapulco Diamante o de forma muy violenta como ha sucedido en Quintana Roo.

Itacate

Les dejo unos vínculos a artículos interesantes sobre el tema:


Dos fotos para que comparen cómo se ha construido en dos playas con mucho éxito turístico: Acapulco y Río de Janeiro. Fíjense los metros entre el mar y los hoteles.


4 comentarios:

  1. de que el agua tiene memoria, Soups, no podria estar mas de acuerdo, pero perate, deja te cuento lo que hicieron aca en mi pueblo bicicletero. Has de cuenta que mero en medio del pueblo pasa un rio que algun presidente municial (panista) tubo (de entubar) la brillante idea entubarlo, que disque pa que en las lluvias la calle que pasa a un lado del rio no se inhundara, el caos es que mi pueblo tiene tres callles tres, y ora la neta es que la calle d ejunto al rio no se inhunda, se inhundan las otras dos, osea, que ora en lugar de tener un solo rio crecido y una calle inhundada tenemos tres rios crecidos y dos calles inhundadas, la naturaleza tarda miles de años en hacer un cauce para los rios, el municipio tardo como tres meses en hacer un dos rios y una ciduad en una laguna, dios y los aztecas se han de estar muriendo de la envidia

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  2. E.L.T.S. Sergio Román Pino Justiniano10 de agosto de 2010, 14:32

    Desgraciadamente, la mala planeacion en desarrollo urbano de las ciudades costeras (como la de mi ciudad San Fco. de Campeche, Campeche, México)da origen a una grave causa: el ocupar espacios perteneciente al mar ya sea por obras publicas o turisticas. Para nuestros gobernantes y sobre todo los empresarios es una buena opcion el ocupar zonas costeras debido a los ingresos q genera como por ejemplo un hotel, un malecon, etc. Sin embargo, a nosotros como ciudadanos repercute de manera profunda, ya que somos suceptibles a los cambios climaticos y el robarle territorio al mar tendriamos como consecuencia severas inundaciones pero lo preocupantes es que estamos dañando el habitat de las especiees marinas. Sin distincion social alguna, debemos formarnos una cultura de sustentabilidad para porder satisfacer nuestras neceidades sin repercutir en nuestro medio ambiente.

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  3. Muy buena la repercusión del tema y la aguda reflexión de los que comentaron...que seamos mas y mas ...es el camino

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  4. Me gusta que hables de este tema y lo de estar peleando con la naturaleza me parece un punto clave en esto de los hoteles abusivos y los no pensantes que deciden las cosas. Sin embargo, lo que a mí más me ha movido siempre es la gran injusticia social de hacer privadas las playas que son propiedad federal y que pertenecen a todo mexicano. Cuando fui a Cancun quise conocer la "playa pública", o sea, la de los pobres, y era una mínima playa atestada de gente que quería disfrutar del mar de su ciudad pero que sólo tiene el pedacito que le dejan los abusivos hoteleros que violan toda ley y además quedan siempre impunes.

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