martes, 6 de abril de 2010

La comida del caracol

Foto: Simon

Durante el Primer Congreso Internacional sobre Ciudades Sustentables se presentaron muchas ponencias, algunas llamaron más mi atención que otras pero hubo una en especial que me capturó por completo: “Parámetros ecosustentables de las actividades del Centro de Agronegocios de Michoacán” del Ing. José Trinidad Vilchis y del Dr. Fulvio Gioanetto, suena complicado y a lo mejor uno piensa que el tema no tiene nada que ver con nuestra vida cotidiana pero no es así.

Al inicio la ponencia dice: “…esta sustentabilidad que ha tomado un camino tendencioso más que real, se ha colocado en boca de todos sin lograr ser comprendida. Hoy en día, apostamos a los biocombustibles porque nos han dicho que son bio y generan menos emisiones de carbono; mas nadie nos ha contado sobre la degradación ambiental y social de su producción. En Europa, se difunde un consumo responsable de productos orgánicos cultivados en Latinoamérica, perdiendo de vista un fundamento básico de la sustentabilidad: la producción local”. La ponencia parte de ahí y comienza a describir las estrategias para implantar un mercado ecosustentable integrado no sólo por productores y vendedores, también por Gobierno y por supuesto por consumidores.
Para lograr un mercado ecosustentable se requieren cuatro elementos básicos de acuerdo a Vilchis y Gioanetto: bioregionalismo, desarrollo de economías locales, sistemas productivos orgánicos y ecológicos y gastronomía ecológica. Leo esto y me agobio…¡qué lejos estamos!

Pero bueno…con el principio de la aportación de la semillita individual nosotros, que mayoritariamente, no pertenecemos ni al sector agroproductivo ni al gubernamental podemos comenzar a actuar para favorecer nuestra economía local y para adquirir y preparar nuestros alimentos de acuerdo a los principios de la gastronomía ecológica o eco gastronomía, no es tan difícil:

- Consuman productos de temporada
- Consuman productos locales (producidos lo más cerca posible)
- Consumir a pequeños productores preferencialmente
- No consuman ninguna especie en peligro de extinción
- Si es orgánico ¡mejor! Siempre y cuando sea local.

Esta forma de comer ha comenzado a cobrar fama, especialmente en Europa donde surge el movimiento “Slow Food” que como su nombre lo dice va en contra de todos los principios que durante años han mantenido vigente y creciente a la famosa “fast food”. Comer al estilo “slow food” implica una ecogastronomía y además implica comer sano, comer productos adquiridos a través de comercio justo y especialmente comer bien en toda la extensión de la palabra; es decir: comer rico, comer con suficiente tiempo y en un ambiente agradable.

“Slow Food” surge en Italia hace ya algunos años; España es uno de los países que mejor ha recibido al movimiento a través de un proyecto llamado “Km. 0” lanzado por cincuenta chefs y cocineros españoles; se trata de una campaña para reducir la distancia entre el productor y el consumidor. Los cocineros que participan en la iniciativa tendrán que proponer platos en su carta o menús, que cumplan los criterios establecidos y especificarlo al lado de cada uno de estos platos. Estos criterios obligarán a que un plato de Km. 0 tenga ingredientes de temporada, que estén producidos de forma sustentable (no necesariamente certificado), que no contengan transgénicos, que estén comprados directamente a productores cercanos y en sí los principios “slow food”. De esta forma los restaurantes ponen en charola de plata este nuevo estilo de gastronomía; la gente prueba, conoce y poco a poco se espera adopte en su vida cotidiana estos principios.

En casa, yo intento comer bajo estos principios; es sano y muy rico pero la verdad no es muy fácil, llevamos una vida muy veloz (“fast life”) en donde encajan mejor el supermercado y las hamburguesas; me sigo esforzando para cumplir con mi aportación como ciudadano, ahora falta que los productores, los vendedores y el gobierno trabajen en crear centros de consumo cercanos, amigables y prácticos para poner a nuestro alcance toda la producción local.

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2 comentarios:

  1. en terminos generales estoy de acuerdo con los principios del slow food y eso pero, hay lugares en los que el consumo de comdias lentas, preparadas con responsabildiad y respeto es imposible. La penertacion de comida envuelta en celofan y bebidas gaseosas embotelladas es mucho mas efectiva que la de los productores honestos y sanos, desafortunadamente. Por el otro lado, algo en loq ue noe stopy muy dea cuerdo, pero solo lso datos, porque en los principios si lo estoy, es en que el Slow Food surga en italia, el slow food surge en los hogares, en donde la persona encargada de la preparacion de los alimentos toma en cuenta la produccion local, la nutricion de sus familiares, la economia y el alma que pone al preparar cada alimento, creo que es ahi dodne se deberian enfocar lso esfuerszos, en volver a las cocinas familiares. y claro, Dios bendiga la buena comida... y la bebida

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  2. Hola
    Desgraciadamente los que vivimos en una ciudad tan grande debemos adaptarnos a esta triste situación de alimentarnos no con tantas ventajas como las de quien puede vivir cerca de una granja, un ranchito o que dispone de una hortaliza.
    sin embargo creo que el siempre preferir una fruta o una ensalada sera mejor que cualquier producto enlatado o perfectamente bien presentado con envolturas llamativas; el comprar en el mercadito de la esquina y no en las grandes cadenas de tiendas departamentales. Comer sano no siempre debe estar peleado con comer sabroso.
    saludos.

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